Abiú

Abiú. (Significa “Dios es mi padre”)

El segundo hijo de Aarón y Elisabet (Éxo 6:23), honrado con su hermano Nadab (Éxo 24:1) y escogido para formar parte de la familia sacerdotal con sus tres hermanos (Éxo 28:41). Fue castigo por Dios por no haber tenido el debido respeto a las cosas santas, habiendo quemado el incienso con fuego común, ignorando las prescripciones que les dio Dios. (Lev. 6:9-12; 10:1-2; 16:12; Núm. 16:46).

Unos comentaristas creen que Abiú y Nadab estaban borrachos cuando profanaron su oficio y trabajo santo, porque inmediatamente después de su pecado, la Biblia prohíbe el alcohol para los ministros de Dios. Su pecado era de tomar ligeramente el ministerio, y de no poner suficiente atención y esfuerzo que merece la obra de Dios.

Citas: Éxo. 6:23; 24:1, 9; 28:1; Lev. 10:1; Núm. 3:2, 4; 26:60, 61; 1Cr. 6:3; 24:1, 2.

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Baxter Orientaciones para Odiar el Pecado
es un artículo de 20 "orientaciones" o pensamientos porque debemos odiar el pecado y alejarnos de ello.
Extracto: 1. Orientación
Esfuércese tanto por conocer a Dios como para ser conmovido por Sus atributos. Viva siempre delante de Él. Nadie puede conocer el pecado perfectamente porque nadie puede conocer a Dios perfectamente. Usted no puede conocer el pecado más de lo que conoce a Dios, contra quien usted peca; la maldad formal del pecado es relativa, pues es contra la voluntad y los atributos de Dios. El hombre piadoso tiene algún conocimiento de la maldad del pecado, porque él tiene algún conocimiento del Dios que es ofendido por este.

El impío no tiene un conocimiento práctico y prevaleciente de la maldad del pecado, porque él no tiene un conocimiento de Dios. Aquellos que temen a Dios temerán el pecado; aquellos que en sus corazones son irreverentes e impertinentes para con Dios, harán, en sus corazones y en sus vidas, lo mismo para con el pecado; el ateísta, que piensa que Dios no existe, también piensa que no hay pecado contra Él. Nada en el mundo entero nos mostrará de manera tan simple y poderosa la maldad del pecado, tanto como el conocimiento de la grandeza, bondad, sabiduría, santidad, autoridad, justicia, verdad y etc., de Dios. Por tanto, el sentir su presencia hará que también sintamos la maldad del pecado.

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